Alarmas “anti‑inhibidoras”: lo que la publicidad insinúa y la realidad técnica desmiente

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Ladrones dentro de un coche usando un inhibidor de frecuencias frente a una casa unifamiliar, dejando la alarma sin comunicación

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Esta información se ha elaborado para explicar cómo los inhibidores de frecuencia pueden dejar inoperativos los sistemas de alarma sin cables y la muy baja o nula efectividad real de los aparatos comercializados como “antiinhibidores”, así como para razonar por qué este tipo de engaño sigue vigente en el mercado sin apenas control.

El objetivo es que el usuario disponga de criterios de decisión más sólidos a la hora de contratar una alarma o de revisar el nivel de seguridad de la que ya tiene instalada. Y también está dirigida al propio personal comercial del sector, que en muchos casos no recibe información técnica completa y acaba repitiendo un discurso que no se ajusta a la realidad, pudiendo considerarse a su vez víctimas de este modelo.

Cualquiera puede comprobar en Internet la existencia de numerosos vídeos y recursos que muestran con claridad el efecto de los inhibidores sobre sistemas de alarma inalámbricos y explican su funcionamiento, así como comunicados de cuerpos policiales advirtiendo de este tipo de riesgos. Este vídeo ilustra el efecto y funcionamiento de los inhibidores y en este otro se explica su funcionamiento y en este una demostración. Aquí un comunicado de interés de Policía de la Generalitat-Mossos d’Esquadra.

A todo ello se suma un hecho preocupante: hoy en día no existe un control efectivo que impida que cualquier persona adquiera y utilice dispositivos inhibidores de radiofrecuencia en las mismas bandas que utilizan los sistemas de alarma sin cables y la telefonía móvil, e incluso es posible su fabricación casera con conocimientos básicos de electrónica. La facilidad de acceso a estos equipos está ampliamente documentada en la red. Puede comprobarse la facilidad de acopio  en Internet, por ejemplo: proveedor-1, proveedor-2proveedor-3, páginas de venta entre particulares y especialmente en las páginas de ventas de proveedores asiáticos del estilo AliExpress.

VER CUADRO DE LAS DESVENTAJAS DE LAS ALARMAS VÍA RADIO

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Qué es un inhibidor de alarmas y por qué importa

Un inhibidor de alarmas es un equipo que emite ruido de radiofrecuencia para bloquear o saturar las bandas de radio por las que se comunican las alarmas inalámbricas y los canales móviles de transmisión (GSM, GPRS, 3G, 4G, 5G, etc.).

Cuando un inhibidor actúa sobre un sistema de alarma que depende solo de comunicaciones sin cables, puede impedir que la alarma envíe avisos o reciba órdenes mientras dura la interferencia: la alarma “se queda muda”, aunque todos los sensores sigan funcionando por dentro.

El ingeniero Jérôme Nokin nos da buena prueba de ello, explicando de forma muy clara, en dos artículos, los pormenores de cómo analizar y explotar uno de los sistemas de alarmas comerciales más fáciles de inhibir del mercado:  alarma1 y alarma2. Que un sistema de alarma doméstico tan popular pueda ser estudiado y atacado con ese nivel de detalle nos recuerda que la seguridad perfecta no existe, y que llamar “inmune” a una alarma es, como poco, imprudente. Por eso resulta tan engañoso hablar de alarmas “a prueba de inhibidores” o “imposibles de vulnerar”: la seguridad real va de diseño, arquitectura y procedimientos, no de eslóganes.

Dicho de forma directa: cualquier alarma que dependa exclusivamente de radio y móvil puede ser afectada por un inhibidor suficientemente potente y bien utilizado, por muy espectacular que sea el anuncio de televisión.

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Qué prometen las “alarmas anti‑inhibidoras” que ves en la publicidad

En los últimos años algunas campañas comerciales han convertido la palabra “anti‑inhibidor” en un eslogan de moda, repetido hasta la saciedad por alguna marca como si fuera magia.
Se llega a insinuar que hay alarmas “especiales” que siguen funcionando tan campantes aunque alguien encienda un inhibidor al lado, como si llevaran un escudo invisible que el resto de sistemas no tiene.
El mensaje oculto es sencillo y agresivo: “Si no contrata esta alarma concreta, su casa queda vendida frente a un inhibidor; solo nosotros tenemos la solución milagrosa”.
Aquí es donde la publicidad cruza la línea roja: se utiliza un problema técnico serio para construir un relato comercial que poco tiene que ver con cómo funciona de verdad la radiofrecuencia.
No existe ningún sistema de alarma capaz de “atravesar” un entorno donde un inhibidor bien dimensionado está saturando deliberadamente las mismas bandas en las que el sistema necesita hablar; quien vende esa inmunidad como si fuera un superpoder está engañando, directamente, al consumidor.

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La falacia comercial de los “antiinhibidores”

Tras años seguidos negando directamente la existencia del problema, las mismas empresas de alarmas han pasado a reconocer que el riesgo de inhibición existe, pero lo hacen presentando sus soluciones como si hubieran resuelto el problema de raíz.

En paralelo, se ha generalizado un discurso que mezcla términos técnicos reales con promesas exageradas: “tecnología de banda ultraestrecha”, “red propia exclusiva”, “canales redundantes”, “imposible de inhibir”, etc., como si por usar un nombre más sofisticado la comunicación inalámbrica dejase de ser vulnerable a la interferencia.

Es cierto que las alarmas sin hilos son más rápidas de instalar y pueden resultar más económicas al evitar los trabajos de cableado. Pero la contrapartida es muy clara: ante la utilización de un inhibidor de frecuencia, el nivel de seguridad que ofrecen puede llegar a ser prácticamente inexistente si todo depende de esas comunicaciones inalámbricas.

Da igual el disfraz que utilicen en publicidad: que la “alarma utiliza la banda de frecuencia de los submarinos”, que son “de última tecnología”, que “el inhibidor no puede inhibir dos canales simultáneos y la alarma salta al que está libre”, que si es  “multibanda» o «multifrecuencia”, que si lleva un “antiinhibidor”, que si la video-imagen «no se puede interferir, que si usa banda ultraestrecha, transmisión SIGFOX/Red ATN/LoRa/Neul , redes propietarias o cualquier otro apellido de moda…

Mientras el diálogo entre los elementos inalámbricos (contactos magnéticos, detectores de foto/vídeo-verificación, sirenas, etc.) y la centralita se haga por radio, y un inhibidor trabaje sobre esas mismas bandas, esa comunicación se puede dejar fuera de servicio con relativa facilidad y la alarma deja de cumplir su objetivo más básico: avisar cuando pasa algo.

Todo lo demás —frecuencias exóticas, nombres comerciales rimbombantes y promesas de “inmunidad”— es ruido para tapar una realidad muy simple: si va por radio, se puede inhibir.

Y si, además, el inhibidor actúa sobre la banda de telefonía móvil (SMS, GSM, GPRS, 3G, 4G, 5G…), también bloqueará la comunicación al exterior cuando esta dependa de estas vías. No hay etiqueta comercial que cambie ese escenario.

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La realidad técnica: lo que ningún sistema inalámbrico puede evitar

Un inhibidor actúa sobre el propio medio de transmisión: el aire y las frecuencias utilizadas por la alarma y por la telefonía móvil. Los atacantes saben qué bandas bloquear (la información es pública: CNAF2017) y si se dispone de potencia suficiente, se pueden inutilizar muy fácilmente las comunicaciones mientras el inhibidor está activo.

Por mucho que se le ponga una etiqueta comercial distinta, ninguna alarma inalámbrica es inmune a ese principio físico.

No hay anti‑inhibidor milagroso que garantice “funcionamiento asegurado pase lo que pase”. Cuando una campaña sugiere lo contrario, está mezclando un concepto técnico razonable (detección y gestión de la inhibición) con una promesa que la tecnología no puede cumplir.

Lo que sí se puede hacer, y es importante, es detectar que algo anómalo está ocurriendo en el canal de comunicación, apoyarse en otras vías que quizá no están siendo afectadas y reaccionar de forma coherente mediante avisos, registros o medidas locales.

Eso tiene valor real, pero no convierte ninguna alarma en “a prueba de inhibidores”.

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¿Sirven de verdad para algo los “antiinhibidores”?

Muchas veces se presenta el “antiinhibidor” como si fuera un aparato capaz de anular la acción de un inhibidor de frecuencias. Si esto fuera cierto, las consecuencias serían absurdas: los inhibidores que utilizan ejércitos, policías, vehículos oficiales o servicios de protección de autoridades dejarían de cumplir su función en cuanto alguien encendiera un supuesto antiinhibidor cerca del objetivo.

Eso no ocurre ni puede ocurrir. Igual que un inhibidor puede evitar que se active a distancia un explosivo o un dispositivo electrónico, puede impedir que una alarma inalámbrica comunique correctamente mientras dura la interferencia. No existe ningún equipo que haga desaparecer el efecto físico de un inhibidor potente sobre las bandas que está saturando.

Desde este punto de vista, hablar de aparatos “antiinhibidores” que supuestamente bloquean a los inhibidores no es solo técnicamente incorrecto, es directamente falso. Lo único que existe en la práctica es detección de interferencias y diseños más o menos robustos para convivir con ellas, pero no hay ningún sistema capaz de impedir que un inhibidor actúe cuando trabaja en las mismas bandas que la alarma, ni cuando el destinatario es un artefacto explosivo, ni cuando se trata de una alarma.

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Hay otro aspecto que no lo informan en la publicidad ni en sus discursos: aunque el sistema detecte un intento de inhibición y lo comunique, esa señal, a efectos legales, no se considera un robo ni un sabotaje. 

En la normativa de verificación de alarmas, la señal de inhibición reportada por la alarma tiene la consideración de señal técnica, al mismo nivel de consideración que una batería baja, un fallo de detector, memoria llena, enmascaramiento, etc.

Esto significa que la Central Receptora de Alarmas no puede avisar a la policía solo porque llegue una señal de inhibición, ya que la legislación vigente no la admite como señal suficiente de robo o intrusión.

En Cataluña, por ejemplo, este criterio se recoge de forma expresa en el protocolo para la verificación de alarmas que siguen todas las centrales receptoras con ámbito de actuación en la comunidad, publicado en la Orden IRP/198/2010 de 29 de Marzo (Ver páginas 3 y 9).

El resultado práctico es claro: aunque el sistema detecte la inhibición y consiga notificar el evento, y aunque comercialmente se hable de “antiinhibidores”, no habrá aviso policial solo por esa señal.

Visto todo esto, se puede afirmar sin exagerar que los “antiinhibidores” entendidos como solución mágica no existen en la práctica: lo que existe son funciones de detección y gestión que, bien explicadas, son útiles; mal explicadas, se convierten en una herramienta comercial más dirigida al cliente neófito.

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Entonces, ¿para qué sirve de verdad la detección de inhibidores?

Un sistema con detección de inhibición sí aporta una mejora, siempre y cuando no se venda como un superpoder.

Lo que hace un sistema serio cuando detecta un posible intento de inhibición es vigilar de forma continua la calidad y el nivel de señal en sus canales, identificar patrones de interferencia que no encajan con una simple pérdida de cobertura o ‘ruido’ y generar eventos específicos de posible sabotaje para que se puedan aplicar protocolos de respuesta pactados expresamente con el cliente, ya que por defecto, en la práctica, su gestión no es habitual.

Esto permite saber que no se está ante un fallo trivial, sino ante una situación potencialmente intencionada, actuar de forma distinta y disponer de un historial de incidencias que ayuda a evaluar el riesgo real de la instalación.

La detección de inhibidores, bien aplicada, no es humo. Lo que sí es humo es presentarla como si con eso se hubiera eliminado el riesgo.

Desde el punto de vista técnico, un sistema que detecta la inhibición pero no dispone de una vía alternativa para reportarla no es “anti‑inhibidor”: es, como mucho, “consciente de que está siendo inhibido”. Convertir esa limitación en una promesa de “inmunidad” es, sencillamente, hacer marketing con un problema de seguridad.

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Qué NO es un anti‑inhibidor (mitos habituales)

  • No impide físicamente que un inhibidor bloquee las señales de radiocomunicación de las alarmas o de telefonía móvil.
  • No garantiza al 100 % que la comunicación funcionará pase lo que pase, con cualquier potencia y en cualquier circunstancia.
  • No convierte una instalación montada solo con vía radio en un sistema equivalente a una solución bien cableada en términos de resistencia a la inhibición.

Mensajes del tipo “nuestra alarma no se puede inhibir” o “somos los únicos que tenemos anti‑inhibidores” son eslóganes comerciales, no descripciones técnicas honestas. 

La seguridad real no se construye con exclusivas de marketing, sino con diseño, redundancia y transparencia con el usuario.

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Cómo se diseña un sistema realmente más resistente a inhibidores

  • No depender solo de la radio. Siempre que el inmueble lo permite, la vía principal de comunicación debería ir por cable, reduciendo la superficie de ataque de los inhibidores.
  • Usar varias vías independientes. No es lo mismo tener varias SIM en la misma tecnología que combinar distintas vías que obliguen al atacante a tapar más caminos.
  • Supervisión de comunicaciones con eventos claros de sabotaje. La instalación debe vigilar sus propios canales y generar avisos específicos por posible inhibición.
  • Buen diseño físico de la instalación. La ubicación de equipos, recorridos de cableado y protecciones físicas también forman parte de la defensa.

Estas son las decisiones que marcan la diferencia real. Un sistema mal diseñado, aunque lleve la etiqueta “anti‑inhibidor”, seguirá siendo fácil de dejar mudo. Uno bien diseñado será mucho más difícil de neutralizar.

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Blog de Asteia de El riesgo de cortes en el cableado

¿Y si cortan el cable? El riesgo real de los cortes de cableado

Una objeción habitual cuando se habla de sistemas cableados es: “¿y si cortan el cable?”. La imagen del intruso localizando fácilmente el cable de la alarma y dejándola inservible con un simple corte es muy útil para la publicidad, pero no se corresponde con una instalación correcta.

En una instalación bien diseñada, los cables no están a la vista ni son alcanzables desde el exterior sin que antes el intruso tenga que exponerse y ser detectado por otros elementos de seguridad. Cuando, aun así, se produce un corte en un cable crítico, el sistema no se apaga en silencio: genera de inmediato un evento de sabotaje, independientemente de que la alarma esté armada o desarmada, las 24 horas del día. Ese evento puede activar avisadores acústicos locales y reportarse al exterior y a la central receptora de alarmas.

Si en un caso concreto existiera un riesgo especial de corte en la línea de comunicaciones cableada, la solución no es renunciar al cable y pasar todo a radio, sino ofrecer la combinación de vías de comunicación más adecuada a dicho riesgo. De este modo, el riesgo por cortes de cable queda identificado y controlado dentro del diseño global del sistema.

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Qué hace Asteia (y lo que no prometemos)

En Asteia preferimos no vender promesas imposibles. No hablamos de alarmas “blindadas” ni de inmunidad frente a inhibidores, porque eso no existe en el mundo real.

  • Priorizamos, siempre que es viable, vías cableadas en los tramos críticos de la instalación y en las comunicaciones principales.
  • Combinamos varias vías de comunicación y las supervisamos de forma continua, de modo que una incidencia en un canal no deje muda la instalación. Cuando el nivel de riesgo lo justifica, incorporamos también soluciones de comunicación satelital, mucho menos expuestas a los inhibidores de telefonía móvil y radio que se emplean habitualmente contra las alarmas convencionales.
  • Utilizamos equipos con capacidad de detección de interferencias e integramos esos eventos en protocolos claros de actuación. Todas las alarmas tienen capacidad a detectar inhibiciones desde hace décadas.
  • Adaptamos el diseño al riesgo real del cliente.
  • No se promete inmunidad absoluta, porque eso no existe, pero sí se diseña un sistema en el que inhibir todas las vías de comunicación resulte extraordinariamente difícil en un escenario realista.

Y, sobre todo, explicamos al usuario la verdad completa: qué aportan estas medidas, qué limitaciones tienen y por qué es mejor un sistema bien pensado que un anuncio espectacular.

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En qué deberías fijarte cuando te hablan de “anti‑inhibidores”

Si te preocupa que inhiban tu alarma, antes de dejarte llevar por eslóganes, merece la pena hacerse tres preguntas concretas:

  • ¿La comunicación con el exterior de la instalación, depende todo de una sola vía inalámbrica? Si la respuesta es sí, seguirá siendo vulnerable a un inhibidor dirigido a esa vía.
  • ¿Qué hace el sistema cuando detecta una posible inhibición? ¿Solo se queda sin comunicar, o genera eventos claros y medidas adicionales?
  • ¿El diseño de la instalación está adaptado a tu caso, o es un paquete estándar para todo el mundo? Un mismo modelo de alarma, montado siempre igual, puede ser muy cómodo para la empresa instaladora, pero también resulta más predecible y más fácil de analizar para quien se dedica a estudiar cómo desactivar sistemas de seguridad.

Las “alarmas anti‑inhibidoras” solo tienen sentido si se entiende el término de forma muy estricta: como sistemas que son capaces de detectar un intento de inhibición y apoyarse en otra vía de comunicación independiente para informar de ello. Si la detección existe, pero el aviso viaja por el mismo canal que está siendo bloqueado, en la práctica no hay gestión real del problema, solo un mensaje comercial más.

Esta diferencia no es teórica. Algunos sistemas que se presentan como “anti‑inhibidores” basan toda su estrategia en un detector de interferencias que envía la señal de sabotaje por el mismo tipo de canal que está siendo atacado. Mientras el inhibidor está activo, esa notificación simplemente no puede llegar en tiempo real a su destino, por muy sofisticado que sea el detector. El resultado práctico es que el aviso solo se producirá cuando la interferencia cese, es decir, cuando el atacante haya terminado de hacer lo que quería hacer.

Si quieres saber hasta qué punto tu instalación actual es robusta frente a inhibidores, la pregunta no es “¿tiene anti‑inhibidor?”, sino “¿cómo está diseñada?”.

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El problema específico de los sistemas inalámbricos

El usuario debe ser consciente de que las comunicaciones de cualquier sistema inalámbrico pueden ser alteradas por terceros incluso a gran distancia de la instalación, dependiendo de la capacidad de recepción del equipo objetivo y de la potencia del inhibidor utilizado.

En los últimos años se han publicado análisis técnicos muy detallados, realizados por ingenieros independientes, que muestran cómo es posible estudiar, interceptar y explotar las comunicaciones radio de algunos de los modelos de alarmas comerciales más anunciados, sin necesidad de estar físicamente junto al inmueble protegido.

Las alarmas cableadas, cuando están bien diseñadas, no se ven afectadas por este tipo de ataques a distancia: para manipular su comunicación es necesario acceder físicamente a los conductos o a los equipos, exponiéndose mucho más y durante más tiempo. Esto no significa que el cableado sea invulnerable, pero sí que se comporta de forma muy distinta a una instalación que depende únicamente del aire como medio de transmisión.

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Estrategia informativa: cómo la ley se usa para sostener el engaño

La legislación actual en materia de Telecomunicaciones prohíbe y sanciona el uso de inhibidores de frecuencia, salvo cuando los utiliza el propio Estado o sus Fuerzas y Cuerpos de Seguridad. Esa prohibición tiene todo el sentido en términos de orden público, pero genera un efecto colateral muy cómodo para quienes venden alarmas “a prueba de inhibidores”: impide que se hagan demostraciones reales, abiertas y repetibles que desmontarían su discurso comercial.

El resultado es una paradoja llamativa: se permite que algunos anuncios prometan sistemas “anti‑inhibición” casi milagrosos, pero al mismo tiempo se dificulta legalmente cualquier ensayo práctico que podría demostrar, delante de cualquiera, que esos mensajes no son ciertos. Si alguien pone en marcha un inhibidor para probar qué pasa con una alarma inalámbrica real, en la práctica está cometiendo una infracción, mientras que quien sostiene el eslogan en televisión sigue moviéndose en un terreno mucho más difuso.

Esta situación se convierte en una estrategia de retroalimentación perfecta para ciertos anunciantes: se lanzan consignas falsas o exageradas sabiendo que las pruebas más claras de ese engaño no se podrán presentar como evidencia “limpia” en un procedimiento, porque se habrían obtenido usando un aparato que la propia ley prohíbe. Así se consigue que el discurso comercial quede protegido de facto, y que cualquier intento serio de desmentirlo quede en una especie de limbo jurídico.

Además, cualquier ensayo con inhibidores, incluso realizado en un contexto particular y sin impacto sobre terceros, puede considerarse punible si se difunde públicamente. Es un buen ejemplo de cómo se aprovecha una oportunidad legal para sustituir el principio ético y la solvencia técnica por una simple estrategia de marketing. Por eso estos productos continúan en el mercado con el mismo discurso falso, sin que sea sencillo desacreditarlos de forma contundente en sede legal.

Conviene subrayar también un detalle relevante: los aparatos llamados “antiinhibidores” carecen de reconocimiento o amparo en la normativa específica del sector, no cuentan con aval de colegios profesionales ni con respaldo de normas técnicas de organismos de normalización. En un ámbito donde los equipos serios suelen tener base legal o, como mínimo, sustento claro en estándares técnicos, estos dispositivos solo se apoyan en campañas publicitarias. No hay más recorrido que ese. 

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Por qué Asteia cuenta todo esto

En Asteia se entiende la seguridad como un compromiso con la realidad, no como una campaña de marketing. Informar de forma clara sobre las ventajas e inconvenientes de las alarmas sin hilos forma parte de la responsabilidad profesional, ayuda a una praxis correcta y defiende un modelo de transparencia hacia los clientes y usuarios de la Seguridad Privada.

Por eso aquí se habla sin rodeos: hay empresas que siguen utilizando la publicidad para trasladar al cliente una sensación de “seguridad total” y, al mismo tiempo, descargar sobre él toda la responsabilidad por haber elegido un sistema vía radio cuando aparece un inhibidor. Ese enfoque no es asesoramiento, es pura venta.

Cuando no resulta conveniente o viable realizar una instalación completamente cableada, la recomendación honesta no es “radio para todo”, sino un diseño mixto que combine cable y radio. En esos casos, el planificador de las medidas de seguridad debe tener en cuenta el riesgo de inhibición y compensarlo con las soluciones adecuadas, en lugar de fingir que no existe.

En Asteia se ofrece acompañar al cliente desde el principio: evaluar sus riesgos reales, explicar sin tecnicismos qué implican y proponer la mejor solución posible para su caso concreto, con transparencia e información verificable. El objetivo no es colocar una alarma más, sino que el cliente sepa exactamente qué puede esperar de ella y qué no.

Si la empresa de seguridad con la que un usuario contacta le ofrece un sistema de alarma exclusivamente inalámbrico sin advertir que puede ser puesto fuera de servicio por un inhibidor de frecuencias, o sin reconocer los inconvenientes que aquí se explican con detalle, esa empresa no está asesorando correctamente. En el mejor de los casos, incurre en una grave omisión de información; en el peor, está contribuyendo a un engaño que perjudica al cliente y deteriora la credibilidad de todo el sector.

Si la Empresa de Seguridad con la que usted contacte para recibir asesoramiento le oferta un sistema de alarma exclusivamente inalámbrico sin explicar que puede ser puesto fuera de servicio por un inhibidor de frecuencias o no reconoce que ese sistema está sometido a los inconvenientes que aquí sí le explicamos, esa empresa no está asesorando adecuadamente por omisión o falsedad en la información, por lo que está cometiendo negligencia profesional por no llamarlo engaño.

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Conclusión y recomendaciones finales

La conclusión de todo lo expuesto es clara: un sistema de alarma no debería elegirse por el impacto de un anuncio, sino tras un asesoramiento técnico competente y ajustado al riesgo real. La seguridad eficaz exige analizar vulnerabilidades, determinar el nivel de exposición y diseñar la solución más adecuada para cada caso, no aplicar un producto estándar a cualquier cliente.

Cuando sea viable, la instalación cableada seguirá ofreciendo una base más robusta frente a los riesgos propios de la inhibición. Y cuando no resulte conveniente o posible realizar una instalación completamente cableada, la alternativa responsable no es ignorar el problema, sino recurrir a una solución mixta —cable y radio— planificada desde el principio con medidas específicas frente a ese escenario.

En Asteia se ofrece precisamente ese enfoque: evaluar los riesgos reales, explicar con transparencia las limitaciones de cada tecnología y proponer la solución que mejor se adapte al caso concreto. El objetivo no es vender una alarma cualquiera, sino que el cliente entienda qué está contratando, qué nivel de protección obtiene y qué amenazas deben contemplarse de forma realista.

Si una empresa de seguridad ofrece un sistema exclusivamente inalámbrico sin advertir que puede ser afectado por un inhibidor de frecuencias, o sin reconocer los riesgos inherentes al uso de esta tecnología que aquí sí le explicamos, no está asesorando adecuadamente. Como mínimo está omitiendo información esencial; y cuando esa omisión se utiliza para cerrar una venta, deja de ser una simple carencia comercial para convertirse en una práctica que perjudica al cliente y degrada al conjunto del sector.

Noticias de hechos delictivos cometidos con la intervención de inhibidores de frecuencia en España:

Robo en Viviendas      Establecimientos Comerciales      Robo en Xalets       Establecimientos comerciales y viviendas         Establecimientos de Hostelería       Estancos         Asalto en viviendas        Robo en Joyerías       Banda de butroneros      Apertura de cajas fuertes      Especialistas  Robo en Estancos      Robo en Viviendas con moradores en su interior      Robos con fuerza       Robo en Bar        Robos en urbanizaciones        Robos violentos        Robos con violencia en Chalets       Robo de vehículos      Lanza térmica en comercios         Robo de vehículos de alta gama        Robo de Cajas fuertes con lanza térmica         Robo de camiones       Robo en Comercios        Robo en viviendas y comercios

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